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Mostrando las entradas de junio, 2014

Entren que caben 100

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Decir que nuestro país está atravesando una profunda crisis, más que una redundancia es una resbaladiza inexactitud. Crisis es, etimológicamente, una coyuntura de cambios, por lo que más bien sería deseable que, en los signos que la gente comúnmente ve, estuviésemos atravesando una crisis. Pero en todas las señales que consumimos a diario, más que crisis, vemos un estancamiento (entendiéndose como contrario a evolución). Y un estancamiento, además, voluntario.

¿Cómo que voluntario?, se preguntarán algunos. Y efectivamente, consumir (y difundir) de forma morbosa, estéril, malintencionada, quejumbrosa o maniquea, la anécdota de nuestra tragedia cotidiana, no pasa de ser una reiteración de nuestro inadvertido deseo de permanecer en ella, paralizados quizá por la certeza de que otra realidad requeriría de una descarnada mirada hacia las oscuridades de nosotros mismos, del arduo ejercicio de vernos con honestidad y de comprometernos con la construcción de un cambio.

Al país, y cada uno a su …

El primer pueblo de la adultez

Irse haciendo adulto es como consultar un mapa lleno de salidas en falso y llegadas ilusorias. O rodar por una carretera con un eterno anuncio de “próxima salida: 1 kilómetro”.
Pero de nada sirven mapas ni anuncios porque, como todas las experiencias importantes de la vida, uno descubre que visitó por primera vez ese pueblo de la adultez cuando ya se ve a la distancia.

En mi caso, todavía puedo recordar esa visita. Tenía 8 años de edad, una madre que optaba por la tesis del exceso a la hora de proteger, y un hermano de 14 años de edad que veía con recelo y honesta preocupación las maneras melancólicas del “bebé de la casa”. Mi hermano consideró que un poco de independencia no me vendría mal, por lo que decidió invitarme a una excursión de fin de semana que haría al Ávila con dos de sus amigos. Es decir, me ofrecía mis primeras vacaciones sin la amorosa, dulce, diligente y castrante presencia materna.

La cuestión pintaba espectacular. Aún me recuerdo, durante las noches previas al viaje, …