Haciendo el futuro en cada momento del hoy


“No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”, señaló en una ocasión el piloto y escritor francés Antoine De Saint-Exupéry, quien desapareció en su avión el 31 de julio de 1944 dejándonos, para siempre, esa breve y maravillosa historia titulada El Principito. Y porque lo más importante es invisible a los ojos, es que la queja y el desaliento suelen copar todos los espacios visibles de nuestros días. Y porque sólo se ve bien es con el corazón, quien mire y escuche a través del suyo, podrá percibir que, mientras muchos se quejan y se sienten perdidos, innumerables señales indican que, en este mismo instante, el futuro de nuestro país se está gestando de forma apasionada e indetenible.

Y así como aquel aviador francés legó al mundo un libro que ha llenado de consuelo a varias generaciones de personas, en casi todas las lenguas que se hablan en la tierra, y lo seguirá haciendo en muchas generaciones venideras, muchas de las más trascendentes y duraderas piezas de ese futuro, se están haciendo con pequeños gestos, hechos desde el corazón.
Es por eso que ustedes deben sentir, en medio de la desesperanza reinante, la alegría no de ser testigos, sino protagonistas de ese futuro. Un futuro promisorio cuya llave consiste en creer en él. Y creer en él significa hacer las cosas bien, ser honestos, ser íntegros. Significa entender que vinimos al mundo a aprender, a ser útiles, a comprometernos con el mandato de hacer de este mundo un lugar mejor del que encontramos, sea cual sea nuestro lugar en él y sea cual sea la dimensión de nuestro aporte. Creer en él es disponerse, con temple y perseverancia, a hacerlo posible. Supone luchar limpiamente por nuestras metas, dando lo mejor de nosotros en cada acción que nos lleve a ellas.

Creer en el futuro es, también, no permitir que nadie nos obligue a renunciar a nuestros sueños. Entregarnos a ellos con perseverancia, honestidad y pasión. Y que nunca olvidemos que uno de nuestros supremos deberes para con nosotros mismos es ser felices, por lo que debemos encontrar felicidad en cada cosa que acometamos, en cada responsabilidad que asumamos.

La esperanza no es una bendición caída del cielo. La esperanza se construye día a día. Y se construye con el ejemplo, con el fervor por lo bien hecho y con la alegría de saber que cada mañana anuncia un nuevo día lleno de posibilidades. Y debemos estar atentos para saber reconocerlas. No en vano, dice Nassim Haramein que si el cerebro es la antena, el corazón es el dial mediante el cual sintonizamos la radio que nos conecta con las cosas. En este paso que hoy ustedes dan para la construcción de ese futuro, no olviden nunca que un corazón noble es el mejor guía para seguir viendo eso que otros, aturdidos en sus miedos, no logran ver.

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